El cuerpo
Luigi Burzotta
He propuesto El cuerpo como tema del Congreso de la Fondation Européenne pour la Psychanalyse, que tendrá lugar en Roma los días 29, 30 y 31 de octubre de 2026, a partir de la lección del 10 de mayo de 1967 (La lógica del fantasma), donde Lacan plantea que el Otro, finalmente, es el cuerpo, en tanto que “el cuerpo… nuestra presencia de cuerpo animal, es el primer lugar donde poner inscripciones… el cuerpo está hecho para inscribir algo que se llama la marca. El cuerpo está hecho para ser marcado”.
El cuerpo del parlêtre, en el esquema del nudo borromeo puesto en plano por Lacan, a primera vista se extiende en la parte dejada libre del campo de lo Imaginario por su intersección con los campos de lo Simbólico y de lo Real, que delimitan en su centro una zona donde reside el objeto pequeño a, el plus-de-gozar, del cual deriva el goce para las otras zonas: la del Sentido, en la intersección de lo Imaginario y lo Simbólico, y la zona delimitada por la intersección de ese mismo Imaginario con lo Real, donde reside el Goce del Otro.
En efecto, es el cuerpo mismo el que, por este juego de intersecciones, queda afectado por el goce; sin embargo, en tanto parlêtre, el hombre está afectado por otro goce, que habita una zona delimitada en este mismo esquema por la intersección de lo Simbólico con lo Real, y que resulta exterior al cuerpo. Es aquí donde se producen los semas de un goce semiótico, un goce entonces fuera del cuerpo, que Lacan denominó Goce fálico. Este goce semiótico es externo al campo del cuerpo, pero, sin embargo, tantea y cosquillea el cuerpo y, en la medida en que el cuerpo hablante habita esos semas, compensa la relación fallida con el partenaire sexual gracias a la mediación de aquello que hace sentido en lalangue, la cual, finalmente, como creación histórica de lo femenino, es el cuerpo del lenguaje.
Si en la práctica analítica la interpretación recae únicamente sobre el significante, es en tanto lalangue —el saber inscrito de lalangue, que constituye propiamente hablando el inconsciente— se elabora y gana terreno sobre el síntoma (J. Lacan, La tercera, 1 de noviembre de 1974).
Cuando Groddeck, en El libro del Ello, habla de esa unidad global que nos vive, no puede sino referirse al cuerpo, porque es a partir de aquí, wo es war, que Freud, en su segunda tópica, lo puso en plano como un ojo grosero, para diferenciar allí el hic; mientras que resulta evidente, como sugiere Lacan, que ese Es, el Ello, dialoga, recordando que es precisamente eso lo que designó con el nombre de gran A.
Sin embargo, precisa que hay algo más, lo que llama “el alma-a-tercio”, que no es solamente lo Real, que es algo con lo cual expresamente —lo digo— no tenemos relación. Con el lenguaje, ladramos tras esa cosa, y eso es lo que quiere decir S(A/): quiere decir que eso no responde. Es justamente por eso que hablamos solos hasta que surge lo que se llama un Yo, es decir, algo de lo cual nada garantiza que no pueda propiamente delirar… (J. Lacan, 11 de enero de 1977).
Esta conclusión amarga y desengañada de Lacan me recordó al artesano desencantado de los encantamientos, Cotrone, el último producto de la imaginación febril de Luigi Pirandello, un personaje singular de su obra inacabada Los gigantes de la montaña.
Cotrone, en esa morada mágica, la grotesca Villa de los Scalognati, donde el sueño y la realidad se interpenetran, pronuncia estas palabras:
“Querido joven, cada uno de nosotros habla, y después de haber hablado, casi siempre reconocemos que fue en vano, y regresamos, desilusionados, a nosotros mismos, como un perro por la noche a su caseta, después de haber ladrado contra una sombra”.
La actriz inspirada protagonista de esta comedia, Ilse, que consagra todo su ser, su carrera, sus bienes y su vida al Poeta que la amó con un amor absoluto hasta la muerte, es la fatal mujer fiera que oculta a la actriz Marta Abba, locamente amada por Pirandello con un amor tan apasionado como imposible. La relación sexual que, pese a ellos, no podía existir entre la Actriz y el Poeta era precisamente ese acto sexual, esa relación que estructuralmente no hay.